
Vive el momento. Disfruta del día a día, de esos pequeños instantes de eflicidad a los que se reduce nuestra existencia.
Pasa la mano sobre el césped cubierto de rocío mientras los primeros rayos de sol de la mañana calientan tus mejillas, aún ruborizadas del recuerdo de aquél beso prohibido.
Recuerda todos tus momentos vividos, y no te amarges por los que pudieron ser, porque al fin y al cabo, has tenido otros en su lugar.
No llores pensando en el pasado, que al fin y al cabo no se puede cambiar (pero sí aprender de él).
Llora en el último instante de tu existencia, cuando tomes el último aliento y te mires las manos impotentes.Llora porque te queda lágrimas que derramar por aquellos que no pudieron acariciar el rocío del césped, por auqellos que no tuvieron bastantes recuerdos y por auqellos que no pudieron disfrutar de cada día como si fuera el último porque para ellos, el último día les llegó muy pronto.
Carpe Diem.
Tina
